Hoy salí a caminar, sin rumbo alguno, sin intención aparente. Simplemente me puse los zapatos y salí a caminar por la ciudad, a recibir un poco de buena brisa, a sentirme parte de algo, a sentirme vivo. Cruce una calle, talvez dos, y llegué a una avenida importante, caminé, caminé, y siempre estuve observando, tratando de encontrar porqués, tratando de descubrir el norte, siempre buscando una razón así fuera ilógico, para poder saber que es lo que está pasando, porque es que me encuentro así. Y continúo, llego a un parque, hay poca gente, las personas le tienen mideo a la naturaleza, prefieren sin máquinas, ya no van a los parques, el parque está muy solo, yo estoy muy solo, y camino. Hace calor, son las 6 y 30 de la tarde, y no hay brisa. Me siento en el pasto, esta bien el pasto, es rico el pasto, es tranquilo el pasto, es verde el pasto, y enciendo un cigarrillo. Disfruto de la compañía de nadie y me pregunto ochocientas cosas. Nadie responde.
Quiero algún día volver a tener las respuestas de las preguntas que no existen. Volver a coger la mano que te lleva lejos sin moverte. Quiero volver al amor. Me paro, corro, y vuelvo a caminar. Continúo mi marcha y ya estoy muy lejos de mi casa, pero sigo caminando, y llega a mi cabeza un pensamiento, y lo transformo en teoría, pienso que talvez camino porque huyo, sin saber de que, pero huyo, y luego me doy cuenta que si, que efectivamente estoy huyendo. ¿Pero de qué?
Camino un par de cuadras más y sigo pensando, los carros me estorban, no me dejan caminar en paz, pero le dan una adrenalina interesante a la ciudad. Le dan polución. Llego a otro parque, y en una banca encuentro un buen lugar para descansar. Mi cuerpo descansa, mi mente y mi corazón no. ¿De qué huyo?
Mi mente empieza a divagar... de ella, de él, de la música, del miedo, del despecho, de la soledad, de un asesino en serie, de un payaso cabrón, de mi madre, de mi profesor, de él, de ella, de ellos, y camino de nuevo.
Cruzo una calle, el semáforo me autoriza, las máquinas nos autorizan, nos dan permiso, nos dicen que hacer. Y camino aun más, llego a la otra orilla de ese rio de ruedas y sufrimiento, de ese asfalto lleno de penas, sexo, y acpm. Subo por la 6ta, o la 5ta, o la 34, o la... Camino y observo como la gente aun sigue con sus afanes. Pasa un señor y su perro, o un perro con un señor, no sé, quién sabe, quién lleva a quién, who knows. Ahora un vendedor de dulces y dolor, un tipo que esconde entre los colores de la magia, las penas de la muerte, del infierno, ¿Quién compra dulces a las 4 de la mañana?
De repente un momento de genialidad, ya sé de quien estoy huyendo, ya sé porque es que está sucediendo todo este circo, ya sé porqué estoy escribiendo, en fin, ya sé porqué y de quien huyo, huyo de mi, de el intrépido sabor de la soledad, pero la enfrento, finalmente, tengo que hacerla, me toca, es mi obligación conmigo, con la vida. Demonios.
Sjinete

