martes, 30 de junio de 2009
Eso que llevas ahi...
viernes, 19 de junio de 2009
Aquellos años Locos
Inesperado amanecer a la vida. El recorrido invaluable por lo incierto, por lo que nos conduce a lo eterno.
--La mañana es fria, tierna y espectante. El reloj de burbujas y gomitas marca las 7:30. Te abrigas dentro de tu lana azul celeste, ajustas tu tornasolado equipaje y esperas, esperas. Pronto te ves inmerso en un mar de pequeños piecesillos que se ubican en el redondel de vinilo y sueños del aula. Son muchos, distintos, diferentes, pacientes. Sabes que en ellos encontrarás tus iguales. Sólo debes esperar a que el momento los una, no sabes cómo, pero te incorporas y estas creciendo, la novedad de los bluejeans y las faldas, de las canicas, paradojas y sombreros. Todo es una mágica transformación, un constante y vertiginoso encuentro con la vida. Y es hora del Recreo. Sales por la puerta verde azucarada y ya estás en los edificios de arriba, eres pequeño entre los grandes. Y juegas, y corres, y vives; respiras en el auge. Y estas en un barco con una isla de fantasía a estribor. Llega la hora de Lunch, y las cosas cambian, ves como el tiempo corre y falta poco; sabes que debes empezar a tomar desiciones.
Eres nuevo, eres ciudadano y con el papel la responsabilidad. Y te enamoras, y ries y lloras y los minutos pasan y es casi hora de que acabe la jornada pero en el fondo añoras que nunca termine. La deseas eterna, y la nostalgia te invade y sientes a los tuyos más cerca que nunca, los que te siguieron a lo largo del dia. A los que no quisieras dejar.
Porque a lo largo del día vivimos, sentimos y compartimos experiencias únicas, momentos que en el dinámico pasar del tiempo quedarán resplandeciendo con la magnitud e intensidad con que los vivimos. Y entre millones de posibilidades nos escogimos, nos elegimos unos a otros para recorrer este camino. Nos acompañamos, nos caimos y levantamos, juntos, como uno. Y entre la apatía de la intransigente adolescencia, nos fuimos transformando, madurando y mejorando a la luz de los sueños que ahora trazan nuestro futuro. Es imposible que la nostalgia no sea partícipe de este encuentro.
Cerrar ciclos es siempre una tarea difícil, dejar atrás casi una vida, una historia, un relato de juegos y alegrias. Es clausurar una etapa que sin duda nos definira como seres humanos. Dejar atrás un amigo, un recuerdo, un amor.
Y si te digo acuérdate, es porque son las memorias las que validan el pasado, y sí, acuérdate, Acuérdate, de los amigos que querías, De las canicas en el corredor, de la lleva, la rayuela, de las cosas grandes y pequeñas. De los tazos, de los yoyos, del los emocionantes partidos en el coliseo, de los amores primeros. De lo simple y lo complejo, de lo bueno, de las alegrías, las tristezas, las decepsiones, los triunfos y los logros, de tus amigos, de los no tan amigos, de los que son, de los que fueron, de los que serán.
Y recordemoslo a el, nuestro amigo, nuestro compañero, esa sonrisa andante que recorrió con pasión nuestros caminos, ese corazón valiente que no ha dejado de latir y sorprendernos con su entereza, con su armonía y optimismo. Y recordemos sus risas y sus chistes, la solidaridad y ese carisma íntegro e inabatible. Y sitámoslo, aquí, a nuestro lado, acompañándonos, queriéndonos, animándonos, orgulloso de este logro que tambien es suyo. Gracias Brian. Gracias, amigo. Estás aquí, radiante, esplendido, presente. Igual que siempre, más que nunca.
Dicen que el terror de quien escribe es tener en frente una hoja en blanco, no saber como empezar; la incertidumbre de que las letras no aparezcan con la particular afinidad esperada. Pero es cuestión de fluirl, de percibir lo imperceptible. De aventurarnos en los sueños e ilusiones, de romper barreras y enfrentarnos a nosotros mismos. Porque eso somos ahora, hojas en blanco, archivos abiertos, dispuestos a ser trazados por las letras de la vida. Paginas limpias para escribir una historia, la propia, la nuestra. Está aquí en estas manos crear ese destino. Se nos ha entregado el regalo de diseñar y construir una vida de aquí en adelante y de igual forma depende de nosotros responder con altura a esta sublime tarea. Aprovechemoslo, miremos la vida con la pasión y el vértigo de nuestra edad, con emoción, con alegría, responsabilidad, con felicidad. Pues ahí está, esperandonos, sólo tenemos que aventurarnos a conseguirla.
Gracias, gracias a todos, por ayudar a construir estas memorias que harán de nuestro paso por el colegio, un hecho memorable que llevaremos con orgullo para el resto de nuestras vidas. A los maestros; a los maestros que fueron amigos y a los amigos que fueron maestros. A nuestra familia que con orgullo y dedicación nos llevó de la mano mostrandonos cada parte del sendero. Hoy, podemos decir que tenemos la certeza de que un ciclo ha culminado satisfatoriamente junto a nuestros seres más queridos.
Y es hora de que acabe la jornada pero en el fondo añoras que nunca termine. La deseas eterna, y la nostalgia te invade y sientes a los tuyos más cerca que nunca, los que te siguieron a lo largo de dia. A los que no quisieras dejar.
Y son las 2.30 y estamos aquí, sentados, pacientes de nuevo abrigados en nuestra lana azul celeste, esperando aquel bus que nos lleve de vuelta a casa.
Adiós al colegio. No podemos saber que nos espera en el futuro, cuan exitosos o felices seremos, si nos volveremos a encontrar o si nos perderemos con el pasar del tiempo. Pero de lo que si podemos estar seguros, es que para siempre quedarán, en la memoria de cada uno de nosotros…. el Colegio Jefferson y Aquellos años locos.
jueves, 18 de junio de 2009
CaliCiudad
Gabatha
A Rodolfo
Suicidio
martes, 16 de junio de 2009
En busca de un afán
lunes, 15 de junio de 2009
Revolucíon de la Entrepierna.
Ráfaga de Inconciencia
Espejos
domingo, 14 de junio de 2009
Historia de un Triciclo y un Bolero (en Do menor)
Dicotomía del Regreso
Es que aca estoy lejisimos del mal
*y me siento seguro
*pero el mal me hace sentir vivo
*por ende aca me siento muerto
*what should i do?
*should i stay or should i go?
Wake Me Up
sábado, 13 de junio de 2009
A Jack
Jack Sparrow: To my great regret. But, it's never too late to learn!"
El Loco
GIBRÁN KHALIL GIBRÁN EL LOCO (1918) Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió: Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando: -¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones! Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó: -Miren! ¡Es un loco! Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité: -¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras! Así fue que me convertí en un loco. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.
Cantares
viernes, 12 de junio de 2009
El Sombrero
sombrero s. m.
Si, sombreros hay muchos. Altos, bajos, cortos, angostos, largos, de colores, de seda, de maya, de cuero y estambre, los hay finos y de a peso, los hay erectos y hasta vueltiaos.
Pero creo que en nuestro sedentareo pero torpemente cambiante entorno, se ecuentra que el sombrero termina siendo más que una prenda de vestir que cubre la cabeza.
Creo que más bien se vuelve el rótulo de quien lo porta. Su tarjeta de presentación. Los sombreros nos invaden y nos subliman, salí a la calle y maravillate con la mano de sombreros que que podés encontrar. VIVIMOS EN UN MUNDO DE SOMBREROS. El de vaquero, el de mariachi, el de campesino, el de costeño, el de policía, el de plomero, el de matón, y el de Etc- No me sorprendería ver uno en tu cabeza en este momento. Que serías tu sin tu sombrero o yo sin el mio. Y hablando de policias; que sería de un tombo sin su sombrero (o su gorrita cuadrada), que sería de un mariachi sin su carpa de lentejuelas (imaginate a Vicente sin sombrero y hasta sin bigote). Estos artilugios definen la las personas que los portan. Y sigamos: que te parece el Zorro sin su flamenco hongo de campanitas, o que tan malo se vería Clint Eastwood sin su sobrero de patán del lejano oeste. Quitales a todos estos su sombrero y nadie los recordaría.
Y ni el Chavo ni Kiko se quedan por fuera, es IMPACTANTE el poder rejuvenecedor que puede tener una simple y desgastada gorra que le quita cincuenta y tantos años de encima Robertico Gómez. Y el poder que otorga, ¿que le pueden poner a un rey en la cabeza si no es un sombrero (corona)? Miss Universo sin corona no es Miss Universo.
¿QUE PASARÍA CON EL MUNDO SIN LOS SOMBREROS? de donde sacaría el mago su conejo, (reptio) como se vería Pablo, JamiroQuai, Neruda, los mellos, donde estaría la hombría del vaquero o la astucia de Sherlock. ¿Que pasaría con el Gato en el Sombrero sin el sombrero? O decime del Papa sin su Coronita de papel, o un obispo o un JUDÍO jajaj imaginate a un judío sin sombrero, o que tan Loco podría estar el Sombrerero sin el suyo. Hasta el valiente Jack Sparrow quedaría reducido a NADA si se lo quitan.
Son ellos; los sombreros.
sombreros, sombreros, sombreros. SOMBREROS.
¡Que vivan los sombreros!
Tuyo sinceramente
Sweeney Todd
jueves, 11 de junio de 2009
DELIRIO
Entonces busco poseerrla, controlarla, ¿Protegerla?. POSEERLA, en lugar de amarla incondicionalmente. Me sentiré su dueño porque si la dejo en libertad, volará. Brillará. Y si brilla surgirá como un todo. Será realmente Ella. Y si ella es Ella, entonces yo no seré Yo. No existiré. Sentiré en mi ser lo que un niño (el interior tal vez) siente cuando su deseo se aleja: El abandono. El abandono de si mismo.
Y el pensamiento entonces me bloquea, dicen amor y la aceptación propia lo resolverá. No lo se.
Es claro que el error está en odiarla, de acuerdo a lo dicho, si la odio, me estaré odiando a mi mismo.
¿Qué me hará libre? Dejarla Volar.
Tuyo Sinceramente
Sweeney Todd
El Club de La Serpiente
Un dia me dijeron que estaba loco. ¡Que hijueputa tan raro! Y con su risa malformada me observo como si la lombrís (o el demente) fuera yo. Pero, ¿soy yo el de la motocicleta? ¿el del Kool encima de la oreja? ¿el que espera sus conejitas y reparte su "imperio" empapelado en su roll de Grand Deft Auto? creo que no.
Decime vos si caminar por la calle exibiendo tu incípida barba recién nacida, tu nuevo Tattoo con alitas, si pavoneArte con tus juguetitos de millón y con tu ron( y sobre todo comerte el cuento de que es Normal) ¿no es ser Raro?
Sí, ellos. Mis amigos en su mesa redonda: impenetrable. inabatible. Juegan en su Club. Juegan sin duda a ser hombres ( o por lo menos a lo que ellos creen que es ser uno), y se esconden como vampiros en sus grutas para salir en la noche a capturar el ocio que los alimenta. Es el tedio de la rutina, la monotonía tediosa de la rutina, el tedio, la rutina, la mediocridad, la rutina. Entonces ¿estoy loco?.¿Soy raro por no seguir al "Padrino", al jefe de el Club?
Y si te pareció cínico Castel, intentá ver a Javier. Te lo presento, cogele la mano y date cuenta que NO ESTAMOS LOCOS.
Los locos son ellos, lo que pasa es que son más.
(esperá explicaciones anexas a la locura)
Tuyo sinceramente
Sweeney Todd
Cali Motion
Sangre en el asfalto
I
No se porqué adoptar una posición determinada en las cuestiones triviales e intrascendentes de la existencia me cuesta tanto trabajo, o porqué otorgar valores sobrenaturales a cosas terrenales se me hace poco menos que imposible. Será tal vez por la conservadora visión unilateral inculcada por mis padres, la objetividad y observación metódica de mi oficio, quizá una simple aversión a los desoconicidos vertices de nuestro sistemático modelo de realidad; en todo caso, pensar en una posible respuesta turbaba por completo mis sentidos.
Me encotraba justificando y divagando en estas reflexiones, canciones, poemas y dialectos cuando el sonoro el indignante ruido de la campana indicó la llegada del correo. Prometía llegar antes de la hora de la cena y pedía confidencialidad en cuanto a su visita.
El Captián era un hombre menudo, exentrico, de facciones finas y criterio inalienable. Después de cruzar el umbral y un intimidante apretón de manos, se sentó en el Sofa Más Cercano al Fuego.
Calificó como urgente el motivo de su visita. De no haberlo sido hubiera bastado con un telegrama, una carta, tal vez una Lechuza. Había llegado desde lejos, tomando el Tranvía de Occidente hasta el pueblo de los cisnes y de allí un vehículo que le permitiera caminar los kilometros que separaban la cabaña del resto del poblado mapa.
Ví los estragos del tiempo en su rostro. Los años le embargaban con tenues trazos de luz violeta que demacraban su figura. Debo decir que me alegro verle; los lazos laborales y familiares que nos unían eran fuertes a pesar de la distancia. No se porqué, sentí pena por él.
Después de arreglar un poco su tornasolado aspecto, sacó de su característico y negro portafolio unos cuantos apuntes y un artículo de primera pagina de un periódico de nombre en cursiva y ciudad remota.
- Se trata de un asesinato- explicó facilitandome el papel.
Leí cautelosamente el apartado. Hablaba de un homicidio en pleno centro de la ciudad. El Capitán me dio los detalles, era claro que tenía un trabajo para mí.
- Ocurrió en mi natal ciudad, el pasado jueves 6 de agosto. Cadaver sobre la acera 57 de la Calle de las Flores; junto a la tienda de café, diagonal al parque. Sin duda una perdida invaluable para nuestro equipo –
- ¿Cómo? – quise saber al instante.
- Con un puñal. Dos entradas. Una en el muslo izquierdo, la siguiente por detras y justo al Corazón –
- ¿El motivo? –
- Indefinido. el autor y su móvil son todavia un misterio, creo que aquí es donde requerimos tu colaboración, tienes todo los recursos a disposición. Te deseo exito. -
Prometí viajar al lugar de los hechos en cuanto mi agenda lo permitiera. Me agradeció la prontitud de mi labor. Con cortas frases y un calido empujón, lo incorporé del Sofá Más Cercano al Fuego, le ofrecí mi mano e invite a cruzar de nuevo el umbral; a tomar el camino, el coche, el Tranvía de Occidente y a un Baño Caliente en la comodidad de su casa.
Ф
Mi testigo se estaba tardando. Me encontraba sentado en la mesa del fondo, entretenido de nuevo racionalizando mis sentimientos mientras acariciaba repetida y circularmente mi taza.
Miraba el reloj con desvelo. Me sentí indignado al verme plantado en aquel lugar, pero reconfortado con el café que despertaba mis sentidos.
Salí a fumar un cigarrillo, o tal vez un poco de aire fresco. El día era frío, parco, un jueves gris en todas sus tonalidades y los girasoles migraban hacia el sur. El sonido de mi solitaria y olvidada respiración engendraba un místico eco que se difuminaba en la vaporosa temperatura. Las gotas de lluvia llenaban el cristal con mapas geográficamente imperfectos que extaciaban mi mirada y colmaban mi paciencia.
Decidí regresar, emprender el largo camino de nuevo hacia el hotel. Ya tenía adelantada una contundete investigación, sabía que estaba cerca, el último testimonio hubiera podido ponerme donde quería. Sería necesario buscar otra fuente para reforzar mis teorías y poder cerrar el caso. Estaba más cerca de lo que imaginaba.
Ajusté mi abrigo y me dispuse a cruzar la calle, un paso a la vez. Un segundo a la vez. Cada moviemiento llenaba el vacío con una indiscriptible densidad, con una tensión incalculable. Lo sentía. Cerca. Invevitablemente mi respiración se acelero. Era un ritmo desafinado, incoherente. Cada segundo era una grieta en el reloj. Cada grieta era una herida en el tiempo; tiempo que en la celeridad de mi pensamiento se detenía, revolvía e invertía. Un presentimineto. Un sueño. El miedo. La duda. Todas mis especulaciones se interrumpieron por una Helada Sombra que abrazaba todo mi ser. Sombra astuta que tras fundir el metal en mis piernas y en mi Corazon, emprendía la huída.
No se porqué adoptar una posición determinada en las cuestiones triviales e intrascendentes de la existencia me cuesta tanto trabajo, o porqué otorgar valores sobrenaturales a cosas terrenales se me hace poco menos que imposible. Podría ser debido a la observación metódica de mi oficio o quizá una simple aversión a los desoconicidos vertices de nuestro el sistemático modelo de realidad; en todo caso, era demasiado tarde para encontrar una respuesta.
Lo único que era claro y verdadero, era que el estridente y monótono golpeteo de la sangre sobre la acera 57 de la Calle de las Flores, junto a la tienda de café y diagonal al parque, turbó mis sentidos una vez más.
Por: Sweeney Todd




