viernes, 19 de junio de 2009

Aquellos años Locos

Inesperado amanecer a la vida. El recorrido invaluable por lo incierto, por lo que nos conduce a lo eterno.

--La mañana es fria, tierna y espectante. El reloj de burbujas y gomitas marca las 7:30. Te abrigas dentro de tu lana azul celeste, ajustas tu tornasolado equipaje y esperas, esperas. Pronto te ves inmerso en un mar de pequeños piecesillos que se ubican en el redondel de vinilo y sueños del aula. Son muchos, distintos, diferentes, pacientes. Sabes que en ellos encontrarás tus iguales. Sólo debes esperar a que el momento los una, no sabes cómo, pero te incorporas y estas creciendo, la novedad de los bluejeans y las faldas, de las canicas, paradojas y sombreros. Todo es una mágica transformación, un constante y vertiginoso encuentro con la vida. Y es hora del Recreo. Sales por la puerta verde azucarada y ya estás en los edificios de arriba, eres pequeño entre los grandes. Y juegas, y corres, y vives; respiras en el auge. Y estas en un barco con  una isla de fantasía a estribor. Llega la hora de Lunch, y las cosas cambian, ves como el tiempo corre y falta poco; sabes que debes empezar a tomar desiciones.

Eres nuevo, eres ciudadano y con  el papel la responsabilidad. Y te enamoras, y ries y lloras y los minutos pasan y es casi hora de que acabe la jornada pero en el fondo añoras que nunca termine. La deseas eterna, y la nostalgia te invade y sientes a los tuyos más cerca que nunca, los que te siguieron a lo largo del dia. A los que no quisieras dejar.

 

Porque a lo largo del día vivimos, sentimos y compartimos experiencias únicas, momentos que en el dinámico pasar del tiempo quedarán resplandeciendo con la magnitud e intensidad con que los vivimos. Y entre millones de posibilidades nos escogimos, nos elegimos unos a otros para recorrer este camino. Nos acompañamos, nos caimos y levantamos, juntos, como uno. Y entre la apatía de la intransigente adolescencia, nos fuimos transformando, madurando y mejorando a la luz de los sueños que ahora trazan nuestro futuro. Es imposible que la nostalgia no sea partícipe de este encuentro.

 

Cerrar ciclos es siempre una tarea difícil, dejar atrás casi una vida, una historia, un relato de juegos y alegrias. Es clausurar una etapa que sin duda nos definira como seres humanos. Dejar atrás un amigo, un recuerdo, un amor.

 

Y si te digo acuérdate, es porque son las memorias las que validan el pasado, y sí, acuérdate, Acuérdate, de los amigos que querías, De las canicas en el corredor, de la lleva, la rayuela, de las cosas grandes y pequeñas. De los tazos, de los yoyos, del los emocionantes partidos en el coliseo, de los amores primeros.  De lo simple y lo complejo, de lo bueno, de las alegrías, las tristezas, las decepsiones, los triunfos y los logros, de tus amigos, de los no tan amigos, de los que son, de los que fueron, de los que serán.

Y recordemoslo a el, nuestro amigo, nuestro compañero, esa sonrisa andante que recorrió con pasión nuestros caminos, ese corazón valiente que no ha dejado de latir y sorprendernos con su entereza, con su armonía y optimismo. Y recordemos sus risas y sus chistes, la solidaridad y ese carisma íntegro e inabatible. Y sitámoslo, aquí, a nuestro lado, acompañándonos, queriéndonos, animándonos, orgulloso de este logro que tambien es suyo.  Gracias Brian. Gracias, amigo. Estás aquí, radiante, esplendido, presente. Igual que siempre, más que nunca.

 

Dicen que el terror de quien escribe es tener en frente una hoja en blanco, no saber como empezar; la incertidumbre de que las letras no aparezcan con la particular afinidad esperada. Pero es cuestión de fluirl, de percibir lo imperceptible. De aventurarnos en los sueños e ilusiones, de romper barreras y enfrentarnos a nosotros mismos. Porque eso somos ahora, hojas en blanco, archivos abiertos, dispuestos a ser trazados por las letras de la vida. Paginas limpias para escribir una historia, la propia, la nuestra. Está  aquí en estas manos crear ese destino. Se nos ha entregado el regalo de diseñar y construir una vida de aquí en adelante y de igual forma depende de nosotros responder con altura a esta sublime tarea. Aprovechemoslo, miremos la vida con la pasión y el vértigo de nuestra edad, con emoción, con alegría, responsabilidad, con felicidad. Pues ahí está, esperandonos, sólo tenemos que aventurarnos a conseguirla.

 

Gracias, gracias a todos, por ayudar a construir estas memorias que harán de nuestro paso por el colegio, un hecho memorable que llevaremos con orgullo para el resto de nuestras vidas. A los maestros; a los maestros que fueron amigos y a los amigos que fueron maestros. A nuestra familia que con orgullo y dedicación nos llevó de la mano mostrandonos cada parte del sendero. Hoy, podemos decir que tenemos la certeza de que un ciclo ha culminado satisfatoriamente junto a  nuestros seres más queridos.

 

Y es hora de que acabe la jornada pero en el fondo añoras que nunca termine. La deseas eterna, y la nostalgia te invade y sientes a los tuyos más cerca que nunca, los que te siguieron a lo largo de dia. A los que no quisieras dejar.

 

Y son las 2.30 y estamos aquí, sentados, pacientes de nuevo abrigados en nuestra lana azul celeste, esperando aquel bus que nos lleve de vuelta a casa.         

 

Adiós al colegio. No podemos saber que nos espera en el futuro, cuan exitosos o felices seremos, si nos volveremos a encontrar o si nos perderemos con el pasar del tiempo. Pero de lo que si podemos estar seguros, es que para siempre quedarán, en la memoria de cada uno de nosotros…. el Colegio Jefferson y Aquellos años locos.

 

 

 

1 comentario:

  1. Creo que la mayoria se perdio en la plenitud de tus versos, pero lograste llegar al mensaje que queria transmitir. Hermoso

    ResponderEliminar