Y la ira, la ira de las mil y una perdiciones en cama, de la vida, de la sangre, ahí, muerta, en vida. La ira, la ira. Que baila, la ira que me besa en la frente y me trae el café en la mañana. La ira de los dioses, de héroes, de doncellas, de niños paralíticos y paquidermos.
Y cuando la noche cae, y es larga, densa, amable a las víceras de la tarde... mi espalda, mis ojos, mis insectos, mis escarabajos, mi odio y la ira. Todo eso se convierte en la belleza de una intensa y armónica danza que recubre las esteras y el coral putrefacto de las avenidas. Todo es una intrínseca coreografía de desdén y alcoholismo, belleza de una danza densa heavymente pesada. El Ballet del Elefante.

Pedro.Barreto.Pedro.Barreto


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