domingo, 16 de agosto de 2009

Balada al Projimo

I

Perro Negro, anda, camina… ¿Estás despierto? Qué iluso. Fue en mismo dia en que lo conocí, el día en que el parque de Alfonsina se vestía de gala. Salí a eso de la cuatro del café apresurado por la lluvia y la distancia. Camina, anda. Era tarde y la boda estaba a punto de empezar. Los votos y las bombas estaban en orden, mi presencia era poco más que indeseada, maldita diría yo.

Entré por el portón de madera blanca, ahí estaba ella. Esbelta y vagabunda, como ella. Sólo podía ser ella. Cisne blanco y espectante, tomaba sus manos (como debería estar tomando las mias), ponía en su dedo una argolla (como debería estar poniéndola en el mio). Maldito Cuervo, Sástre de mala muerte.

Se besaron y el trigo y el arroz y las rosas calleron sobre sus cabezas, y puse mi sudorosa mano en mi bolsillo, introduje mis dedos, cargué el artilujio. No sabía muy bien como usarlo, lo que sabía lo sabía porque lo había visto en una que otra pelicula policiaca. Fue sencillo en todo caso, me acerqué, lenta y furtivamente de entre la multitud, le abracé. Boom (fue lento, o por lo menos a mi se me hizo eterno el trayecto que atravezó su corazon y que reventó su espalda contra el pavimento.

Aparté su cuerpo de la desesperada concurrencia: “Perro Negro, anda, camina… ¿Estás despierto? Jajaja… duerme. She’s mine”

II

Estás loco pirobo, salgamos a caminar. Dijeron que su nombre era Fausto, creo que si, Fausto. Fausto era alto, era alto y tenía pantalones verdes, verdes y una camisa que le quedaba como prestada. Fausto era conocido mio (claro que después pude dercile amigo). Era conocido desde el dia en que nos presentaron. A Fausto le gustaba caminar; el tipo era uruguayo y a los quince (XV) había salido de su casa a pasear a Argentina. Después de vistar un tio en Bariloche, se había ido a Brasil donde cumplió los diesisiete (XVII). Ahí se opero “algo” que no se que es, siguió andando por “ahí” hasta que una nena boliviana le dio un hijo. Se despidió de ambos y llego hasta un pueblo colombiano que se llama Pasto y de ahí la vida lo llevo al antro donde lo conocí.

Si, a Fausto le gustaba caminar. Nos conocimos ebrios, así exactamente como un conoce a la gente y la gente lo conoce a uno. En ese estado donde el ego nos deja ser quien apartentemente creemos que somos y entablamos relaciones que (casi siempre) son efímeras. Fausto tocaba la guitarra. Fausto cantaba canciones informales de esas que me ponen a pensar. Fausto así como Vicente le cantaba de vez en cuando a Hernán, y el bombo, y la acústica, las palmas (entendiendo palmas no como matas si no como aplausos, “palmadas”), los versos, la voz desafinada. Y ahí es cuando todos lo miran a él, al que todos en el barrio llaman, llaman cuando están hastiados de esto, y de lo otro, cuando quieren que les digan que deben hacer con sus vidas, y con las de otros. Ese era, o es Fausto.

Fausto, fausto era (es) como un artesano, transforma la materia en “cosas”, por ejemplo volvió mierda su guitarra, y esa madera la volvió un pescado, también me volvió su amigo. Ese era Fausto, y siempre digo “era” porque asi “sea” en estas letras, fuera de ellas ya no es. Porque Fausto se murió. Se murió en abril. Un dia como este, en una hora como esta en donde la gente común se muere. En donde la gente nace también, y en donde gente comun los llora… porque nacen y porque se mueren.

Estás loco Fausto, vamos a caminar.

III

Soñé con vos, anoche, y antenoche, noche tras noche. Soñé con vos. Abracé el aire pensando que eras vos, y el aire se sentía vacío y grande, grande y enorme. Musculatura insensata. ¿Dónde estás mujer? Necesito escuchar el aliento campesino de tu sexo empedernido, necesito saber que alguien me acecha en la noche y me busca en la distancia. Despierto con el viento que me dice que no estas y ese viento me recuerda que estoy vivo. Busco una historia que contar, busco desesperadamente una historia que contar, busco algo interesante que decir, algo que te guste y que podás leer. Empiezo por contar que anoche soñé con vos, pero no eso ya lo había dicho. Catharsys repentina de un estruendo. Sueño y entre sueño con lágirmas repentinas que me miran y sonríen en la lluvia que reposa sobre mí. Maldito agosto. Just one last dance.


¿Pedro Barreto?

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