Creí verla, así como cuando creí ver la luna pasajera. Creí observarla de nuevo, creí distraerme una vez más con su lúcida sonrisa de picardía.
Además creí verte, atravezando el umbral del pórtico verdeazulado, creí verte andar como el dia en que el humo del cigarrillo me dijo que tu perfil era huerfano y tus ojos tristes. Y en el imaginario de la sombra creí escucharla, en un canto de risas, de murmullos, de estrellas y girasoles.
Y pensé que volverías. De nuevo. A casa. A compartir la media luna gladiadora, a revivir un sueño egipcio, un asteroide de añoranza metafísica. A BAILAR DE NUEVO.
Y caía la noche, a la misma hora de siempre, con su mismo color, con su misma frialdad y su maldita contidiana oscuridad. Y tuve miedo, otra vez. De no verla más. De no verte más. De que el portal de rejas y cadenas se desvanceriera como lo solía hacer en ese Ayer.
Y si, creí verte, creí verla. Pero creí mal. Fue la misma fantasía ilusa, con su mismo color, son su misma frialdad y su maldita cotidianidad. Y sentí duelo. Dolor. Y creí verla. Verte. Pero creí mal.
Imagine ver sus pasos en el desgastado adoquín del callejón. Bajo la Luna Gris. Bajo la medieval fantasía del escarabajo.
Y pregunte si era cierto, si en verdad recorriste los mismos caminos que recorriamos. Si tomaste de la misma taza y dormiste en la misma cama. Y me dijeron que desvanecesite. Encarnizada en una charla de luciernagas te perdiste en el mundo que odiabas. Que viajste lejos. Pero creí verte. Aquí. Tan cerca. En este continente. Sin tu sombrero. Verte. Creí. Creí verte.
Son lúcidos los recuerdos que se tejían esa noche, como la copa se fundía con la plata y engendraban un anillo. Parido de las tierras heladas de la sabana. Aposentado en tu dedo. Apropiado de tu cuerpo. Y la vi detrás de la vela. Detrás del cristal que recubría la vela. Cobijada bajo la mecha de la vela. Una con la vela. Y dibuje su nombre son su luz (la de la vela) y la vi real. Verdadera. Creí verla. Creí verte a mi lado, junto a la botella y bajo la luz de la misma vela, la de ella.
Y fue grande, el momento. El momento en el que creí verla. Memorable, placentero, Caliente en su medida, Erótico en la correspondencia de sus almas. Fue mortal, fatídico. Hermoso. El instante en que nuestros ojos se abrazaron, y murieron. El momento en el que el aroma de corcho y sexo me dijo que no te compararía, la fracción tiempoespacial en la que nos dijimos que este es solo un camino para llegar a lo enterno.
Creí verte. Verla. Pero me dicen en la urbe que creí mal.
¿Cómo pude engañar los sentidos y verte tan real y tan sincera?
Sólo me queda el consuelo de pensar que fue algo más que cierto.
"Maldita Soledad"
Tuyo sinceramente
Sweeney Todd


So, Do you think you can D.A.N.C.E?
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